Cuando MENGS trajo a GOYA

En los salones del Palacio Real se libró en el siglo XVIII una de las grandes batallas artísticas de la historia: Mengs contra Tiepolo, frente a los ojos atónitos de Goya.

Por Fernando de Mateo

A los 33 años, Mengs es el pintor más prestigioso de Europa. No solo domina las composiciones mitológicas al fresco, el retrato y la pintura religiosa, los tres géneros que acaparan los encargos de los clientes, sino que además es un pintor-filósofo.

La atención hacia la antigüedad que despertaron las excavaciones de Pompeya y Herculano, iniciadas unas décadas antes, encuentra en Mengs el pincel capaz de traducir esas enseñanzas en una pintura actual, acorde con las necesidades de la segunda mitad del siglo XVIII. Muchos eruditos le presentan como la figura llamada a restablecer el verdadero arte.

Natural de Bohemia y criado en Dresde, parece predestinado desde su nacimiento a cumplir una misión. Su padre, un miniaturista y esmaltista danés, le bautizó con el nombre de Anton, como homenaje al gran Correggio, y con el de Rafael, en reconocimiento al artista que, para muchos, representaba la cima de la pintura. También le impuso un estricto programa educativo y le envío muy joven a Roma, la ciudad que mostraba las ruinas más gloriosas de un pasado entendido como el punto culminante del intelecto humano.

A Roma volvió Mengs ya adulto, pensionado por la Corte de Dresde, y en esa ciudad singular coincidió con su paisano Johann Winckelmann, el historiador y arqueólogo que aportará la base teórica a un incipiente movimiento llamado neoclasicismo. En las largas conversaciones con su amigo obtendrá el artista un conocimiento que va más allá de la visión de un pintor; juntos, los dos alemanes resucitan en Italia la aspiración de una belleza ideal basada en la armonía de colores y formas, y en la nobleza de espíritu.

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Backstage

Las ciudades están llenas de secretos, de historias desconocidas o voluntariamente olvidadas, que sin embargo han sido decisivas en la evolución artística y social. Uno de esos momentos definitivos fue el que marcó el enfrentamiento entre un estilo que se extinguía, el Rococó, y otro, el Neoclasicismo, que pugnaba por nacer. No muchos conocen que esa pelea de titanes se libró en el Palacio Real de Madrid, puerta por puerta, y a lo largo de varios años, entre Giambattista Tiepolo y Anton Rafael Mengs. Pero todavía menos saben que aquel desafío sucedió delante de los ojos asombrados de un joven que superaría a los dos maestros: Francisco de Goya. Esa es la historia que ha rescatado del olvido  Volavérunt para su primer número.

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