Entrevista a Emilio Tuñón: “El tiempo es un hermoso material de construcción”

El edifico del museo de las Colecciones Reales acaba de terminarse, quince años después de su inicio. Su arquitecto, Emilio Tuñón, lo recorre paso a paso con Volavérunt.

Texto: Juan Altable. Fotografías: Luis Asín. Dibujos: Emilio Tuñón.

Cuando inició el proyecto, en compañía de su socio, Luis Moreno Mansilla, fallecido hace cuatro años, Emilio Tuñón era uno de los jóvenes arquitectos españoles de referencia. Completamente consagrado, tras recibir el Premio de Arquitectura Española, en 2003; el Premio Mies van der Rohe, en 2007; y la Medalla de Oro al mérito en las Bellas Artes, en 2014, Tuñón acaba de terminar el edificio más complejo de su carrera, aunque el museo no se abrirá al público hasta 2017.

—La aproximación a un edificio es el comienzo de la experiencia arquitectónica; desde lejos se empieza a percibir su escala, su forma, los materiales con los que está construido… Sin embargo, cuando el visitante se dirija al museo de las Colecciones Reales, entrará en la plaza de la Almudena y al fondo solo verá el paisaje de la Casa de Campo y las líneas onduladas de la sierra madrileña. ¿Dónde está el museo?, se preguntará.

—Sí, el edificio se esconde, porque no queremos tapar las vistas. El museo crece hacia abajo, desde la plaza de la Almudena hasta el Campo del Moro, y por eso es invisible cuando el visitante camina hacia él.

—Al avanzar por la plaza se observa por fi n la entrada, en un costado de la catedral, pero es relativamente pequeña, y tampoco aporta muchas pistas sobre el lugar al que se va a acceder…

—Hay edificios que se abarcan de un vistazo, y otros, como este, que son misteriosos. Podemos decir que la entrada tiene algo de camino iniciático. Esto es algo muy antiguo y también muy moderno; en muchas de las construcciones de Le Corbusier, por ejemplo, los accesos tienen esa condición, son ámbitos pequeños que comunican directamente con un espacio grandioso. En la tradición céltica se utilizaba la figura del laberinto en la puerta de la casa, se pretendía evitar que los malos espíritus se colaran en el interior de la vivienda. Le Corbusier usa esa imagen del laberinto en alguna de sus obras.

Continúa leyendo el artículo en papel. Si quieres apoyar a Volavérunt y recibir la revista en casa, suscríbete.

Suscribirme

Backstage

Cuando Volavérunt concertó la entrevista con Emilio Tuñón, le propuso celebrarla en el edificio del museo de las Colecciones Reales, todavía cerrado al público y con la única presencia de unos pocos operarios que realizaban los últimos retoques, en lugar de hacerlo en su estudio. Se trataba de conversar durante una especie de visita guiada sobre los elementos esenciales de esta gran infraestructura cultural, pero también acerca de los principios generales de la arquitectura y las características del vecino Palacio Real, que marca la fisonomía del nuevo museo. El arquitecto aceptó encantado, y durante dos horas  y media deambuló por el edificio explicando las grandes líneas que definen la construcción, y también los pequeños detalles personales de una obra a la que ha dedicado los últimos quince años de su vida. Al despedirse, un toque de melancolía: “Cuando se entrega un edificio es como cuando un hijo se hace mayor –comenta Tuñón-, hay que aceptar que empieza a desarrollar su propia vida”.

tunon-05
tunon-04
tunon-02
tunon-03
tunon-01
tunon-06
Si te gusta, por favor, comparte:
facebook twitter linkedin google+