La mirada complaciente de Renoir

El museo Thyssen muestra hasta el 22 de enero una retrospectiva de Auguste Renoir, el impresionista que solo pintó la alegría de vivir.

Texto: Juan Altable

Los impresionistas fundaron el arte moderno cuando, entre otras cosas, ignoraron a los dioses mitológicos, los santos y los héroes del pasado y llenaron sus lienzos de personas vestidas a la última moda, ocupadas en las mismas actividades que los espectadores que miraban los cuadros. De su mano, el mundo moderno, siempre cambiante como la luz que modela los rostros, los edificios y los paisajes, se apoderó de la expresión artística para establecer una comunicación directa con el espectador como nunca había existido.

Los impresionistas pintaron una crónica de su tiempo que no abarca sin embargo la complejidad de la sociedad francesa, como pretendieron los grandes escritores coetáneos Honoré de Balzac y Émile Zola, sino que ofrece fragmentos de la vida del último tercio del siglo XIX, elegidos según la personalidad, el origen social de los artistas y, a partir de un cierto momento, el gusto de los clientes (…)

“Manet y Degas tienen en su mirada un cierto desapego y escepticismo —indica Guillermo Solana, comisario de la exposición Renoir. Intimidad y director del museo Thyssen-Bornemisza—, a menudo tenemos la sensación de que los personajes de sus cuadros no se llevan bien entre ellos. Renoir es lo contrario, entre sus figuras reina siempre un espíritu de compañerismo, al que el espectador es invitado a sumarse. Este punto de vista está en consonancia con el carácter de Renoir, pero también tiene que ver con su búsqueda incesante del éxito comercial, con su obsesión por atraer al público y encontrar una posición en el mercado del arte”.

Uno de los aspectos de la pintura de Renoir que ha despertado más interés de la crítica en los últimos años es el papel de la mujer, un asunto al que el museo Thyssen dedica una serie de conferencias en paralelo con la exposición. “A Renoir no le gustaba pintar hombres, cuando lo hace los feminiza —afirma Solana—. Su aproximación a la mujer es absolutamente sensual, para él la mujer es un material delicioso, pero nada más. Convierte a las mujeres en puros objetos de deleite visual, para provocar placer en el espectador, que es masculino”.

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Backstage

La entrevista a Guillermo Solana en el número 3 de Volavérunt fue el primer encuentro de la revista con el director del museo Thyssen. El segundo es este artículo sobre la exposición Renoir. Intimidad, en el que se recogen diversos puntos de vista críticos de Solana sobre uno de los nombres míticos del impresionismo, el grupo creador del arte moderno. Guillermo Solana habla aquí como el intelectual capaz de cuestionar a las grandes figuras del arte, más que como el responsable de uno de los grandes museos de pintura de España.

 

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