Las mil caras del cubismo

Un seminario internacional explora nuevas interpretaciones del cubismo, a raíz de la fusión de las colecciones de Telefónica y el museo Reina Sofía.

Texto: Juan Altable

Los cuadros cubistas son tan diferentes de todo lo pintado anteriormente, que a menudo se piensa en ellos como el inicio del arte moderno. Este carácter innovador ha alimentado un mito, según el cual Picasso y Georges Braque inventaron en París una nueva forma de pintar que en adelante solo tendría seguidores secundarios, más o menos hábiles, dentro y fuera de la capital francesa.

Desde hace tiempo, no obstante, se cuestiona este enfoque tan restrictivo, y se han empezado a valorar las aportaciones de otros artistas y otros lugares, con una visión más coral que no discute el papel esencial de los dos maestros fundadores.

La fusión de las colecciones cubistas de Telefónica y el museo Reina Sofía abunda en esta interpretación, ya que el conjunto resultante carece de una representación amplia de Picasso y Braque, pero en cambio custodia un magnífico grupo de obras de Juan Gris, el pintor más revalorizado con el paso del tiempo, y de otros artistas considerados hasta hace poco secundarios, como Albert Gleizes, Jean Metzinger, María Blanchard, o los pintores latinoamericanos que vieron en el cubismo un impulso para crear una nueva visión de la modernidad.

Aunque el nacimiento del arte contemporáneo fue fruto de sensibilidades muy diferentes, la radicalidad del cubismo ha llevado a algunos historiadores a buscar su origen más allá del terreno artístico, en el ámbito de la ciencia o la filosofía. Cuando Picasso y Braque comenzaron su aventura conjunta, el físico alemán Hermann von Helmholtz acababa de publicar sus novedosos estudios psicológicos sobre la forma en que la mente percibe la realidad. Según sus teorías, el ser humano ve en una casa, una mesa, un árbol, “las formas básicas del paralelepípedo rectangular, del cilindro y la esfera”. También afirmaba que el concepto que la mente se forma de un objeto es fruto de una suma de sensaciones, que se desprenden de “observar, tocar, indagar el objeto desde distintos puntos de vista”. Estas ideas eran conocidas en el mundo artístico parisino gracias sobre todo a la labor divulgadora de Paul Cézanne, que mantenía una estrecha amistad con alguno de los seguidores directos de Helmhotlz.

Pese a que es muy probable que tanto Picasso como Braque estuvieran al tanto de estas y otras investigaciones científicas y filosóficas, lo cierto es que el impulso de sus trabajos pictórico procede de los cuadros del propio Cézanne, cuya retrospectiva de 1907, poco después de su muerte, puso delante de los ojos de los artistas más audaces unas obras que señalaban el camino del futuro.

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